Capítulo 19
Este año comenzaría una historia real con miles de fantásticas fantasías, es la hora y la fecha exacta, esa que anuncia el momento donde el futuro se hace presente en el calendario de alguien a quien la vida le sonríe de nuevo.
Solo cinco minutos después de aquella hora en que la vi, entendí que todo había acabado o sería el comienzo quizás —¿Cómo podía saberlo?— En realidad fue como haber nacido de nuevo.
El mundo gira siempre alrededor de su propio eje, es el mismo fenómeno de rotación y traslación que cumple la tierra cada año de doce meses, trescientos sesenta y cinco días de veinticuatro horas, cada hora de sesenta minutos y de tres mil seiscientos segundos.
Hay quienes piensan que los meses están más acelerados hoy día, otros contabilizan cada segundo de su existencia y el tiempo les parece no transcurrir.
El secreto está en la intensidad con la que algunos vivimos o dejamos de vivir nuestra propia vida, al final nunca tenemos tiempo pero nos encanta desperdiciarlo.
Un mundo normal, con gente normal, días normales, en definitiva; todo aparentemente normal. No había de que preocuparse en ese momento, las cosas marchaban como debían en la víspera de la celebración más tradicional de nosotros los seres humanos, el día de nuestro onomástico.
Mágica y extrañamente no sabemos con exactitud que va a pasar después del ahora, instintivamente transitamos cada momento con naturalidad, pero siempre con una sensación de seguridad plenamente llena de inseguridades.
Pasadas ya las ocho de la noche del día 30 de abril, me encontraría esperando la llamada que haría ciertas mis sospechas de que todo seguía – como ya saben – normal. No hay mucha conmoción de los presentes pero si mucha expectativa, a decir verdad pocas personas se encontraban allí – para que mentir, éramos solo el bendito aparato y yo -.
Por la tranquilidad de la noche debían ser las cuatro de la mañana, tampoco me tome la molestia de cerciorarme, la lluvia salada en mi rostro no cesaba y la sensación que experimentaba podía ser semejante a la de las aves cuando emigran durante un eclipse solar.
Había perdido lo que nunca tuve, es decir, se fue lo que a mi parecer no debía irse; mi esperanza.
Los segundos y las horas vividas con intensidad suelen pasar mas rápido, el calendario pronto nos dirá que hoy es 13 de Octubre y vaya que comenta la gente “¿Qué pasará ese día?”, las intensas y continuas precipitaciones de mis ojos han incrementado notoriamente cada vez que pienso en esta fecha.
Hasta el momento… no todo parece tan “normal”
Se acerca el día.
Solo cinco minutos después de aquella hora en que la vi, entendí que todo había acabado o sería el comienzo quizás —¿Cómo podía saberlo?— En realidad fue como haber nacido de nuevo.
El mundo gira siempre alrededor de su propio eje, es el mismo fenómeno de rotación y traslación que cumple la tierra cada año de doce meses, trescientos sesenta y cinco días de veinticuatro horas, cada hora de sesenta minutos y de tres mil seiscientos segundos.
Hay quienes piensan que los meses están más acelerados hoy día, otros contabilizan cada segundo de su existencia y el tiempo les parece no transcurrir.
El secreto está en la intensidad con la que algunos vivimos o dejamos de vivir nuestra propia vida, al final nunca tenemos tiempo pero nos encanta desperdiciarlo.
Un mundo normal, con gente normal, días normales, en definitiva; todo aparentemente normal. No había de que preocuparse en ese momento, las cosas marchaban como debían en la víspera de la celebración más tradicional de nosotros los seres humanos, el día de nuestro onomástico.
Mágica y extrañamente no sabemos con exactitud que va a pasar después del ahora, instintivamente transitamos cada momento con naturalidad, pero siempre con una sensación de seguridad plenamente llena de inseguridades.
Pasadas ya las ocho de la noche del día 30 de abril, me encontraría esperando la llamada que haría ciertas mis sospechas de que todo seguía – como ya saben – normal. No hay mucha conmoción de los presentes pero si mucha expectativa, a decir verdad pocas personas se encontraban allí – para que mentir, éramos solo el bendito aparato y yo -.
Por la tranquilidad de la noche debían ser las cuatro de la mañana, tampoco me tome la molestia de cerciorarme, la lluvia salada en mi rostro no cesaba y la sensación que experimentaba podía ser semejante a la de las aves cuando emigran durante un eclipse solar.
Había perdido lo que nunca tuve, es decir, se fue lo que a mi parecer no debía irse; mi esperanza.
Los segundos y las horas vividas con intensidad suelen pasar mas rápido, el calendario pronto nos dirá que hoy es 13 de Octubre y vaya que comenta la gente “¿Qué pasará ese día?”, las intensas y continuas precipitaciones de mis ojos han incrementado notoriamente cada vez que pienso en esta fecha.
Hasta el momento… no todo parece tan “normal”
Se acerca el día.

Comentarios
Publicar un comentario